THE POST: LOS OSCUROS SECRETOS DEL PENTAGONO

THE POST: LOS OSCUROS SECRETOS DEL PENTAGONO (The Post). Estados Unidos 2017. Dirección: Steven Spielberg. Guión: Liz Hannah, Josh Singer. música: John Williams. Producción: Amblin Entertainment/DreamWorks SKG/Pascal Pictures/Participant Media. Elenco: Meryl Streep, Tom Hanks, Bruce Greenwood, Bob Odenkiri, Tracy Letts, Sarah Paulson, Matthew Rhys, Alison Brie, Carrie Coon, Jese Plemons, Bradley Whiford, David Cross.
Publicada originalmente el 9/2/2018.

Hay que entender que The Post se propone por lo menos dos objetivos, y ninguno de ellos tiene que ver, o no al menos primordialmente, con los secretos del Pentágono insistidos por el subtítulo castellano. Que los sucesivos gobiernos norteamericanos le estuvieron mintiendo a la gente sobre lo que pasaba en Vietnam durante más de dos décadas es hoy un dato en los libros de historia, y tomó estado público cuando el New York Times primero y el Washington Post después dieron a conocer los referidos documentos clasificados. Pero la película de Steven Spielberg no trata, fundamentalmente, de Vietnam.

Su primer tema es la libertad de prensa, la influencia del llamado Cuarto Poder y sus frecuentes choques con los otros tres en una sociedad libre. La publicación de los papeles del Pentágono le valió primero un dolor de cabeza al New York Times, que debió enfrentar una inhibición judicial para seguir publicándolos, y le ofreció al Post la oportunidad (perdón por el juego de palabras) de tomar la posta. Ello colocó a la editora del periódico, la formidable Kay Graham, interpretada con la habitual solvencia pero también la cuota de piloto automático a que nos tiene acostumbrados Meryl Streep, en una situación humana y empresarial complicada: arriesgar la fusión con un consorcio que podía salvar a su periódico de sus problemas  económicos, y enfrentar a su viejo amigo Robert McNamara, uno de los principales responsables de la política exterior norteamericana de quien tenía que decir, públicamente, que había sido un mentiroso.

Ese doble conflicto, que implica un real dilema comercial y moral, está retratado en la película con la solvencia que cabía esperar en Steven Spielberg, aunque no evite sus dosis de fórmula de “película de periodistas”, esa suerte de prima lejana del cine policial al que pertenecen la superior Todos los hombres del presidente y la inferíor aunque oscarizada En primera plana. Tal vez sea una cuestión de deformación profesional (demasiados años de periodismo), pero el firmante de esta nota reconoce sin sonrojos que cada vez que ve en la pantalla una redacción y gente investigando cosas le corre la adrenalina y se le acelera la circulación de la sangre, que probablemente no sea sangre sino tinta. Aunque The Post fuera una mala película (no lo es), sería difícil que no le gustara.

Pero hay un segundo nivel en el que corresponde entender a The Post, y es el contexto en el que fue realizada. En una de las entregas de premios del año pasado, Meryl Streep había sido muy enérgica en su condena de algunos procedimientos del gobierno de Donald Trump, y específicamente se dirigió a los periodistas presentes para pedirles que fueran honestos, profesionales y veraces: “Vamos a necesitarlos más que nunca”, les dijo, palabra más, palabra menos. Todo indica que lo que pensaba entonces la llevó a aliarse a Spielberg para hacer una película en la que periodistas honestos enfrentan (y lo siguieron haciendo: la película termina con un anticipo del caso Watergate) a gobiernos abusivos o mentirosos.

Un último párrafo invita a una reflexión sobre la evolución de Spielberg como creador. Durante demasiados años los críticos hemos estado hablando del “niño grande” o el “niño maravilla”, y señalando el dato obvio de que sus mejores películas tenían que ver con camiones amenazantes, tiburones asesinos, extraterrestres o aventureros exóticos, mientras que en sus empeños en hacer cine “serio” siempre había una nota de inmadurez o inconvicción (Imperio del sol, El color púrpura, Amistad, La lista de Schindler). Algo así como “volvé con tus dinosaurios, que te salen mejor que tus nazis”. Hace aproximadamente una década, sin embargo, que el “niño Spielberg” se ha vuelto repetitivo y poco convincente (su película sobre Tintin, Mi buen amigo gigante), mientras consigue más interés (aunque no necesariamente más taquilla) con sus películas “adultas” (Munich, Lincoln, ésta). A lo mejor se trata, simplemente, de que está creciendo.

Hace más de 68 años que veo películas, escribo sobre ellas hace más de 50.

Autor: Guillermo Zapiola

Hace más de 68 años que veo películas, escribo sobre ellas hace más de 50.

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