THERESE

THERESE (Thérèse). Francia 1986. Director: Alain Cavalier. Guión: Alain Cavalier y Camille de Casabianca. Fotografía: Philippe Rouselot. Productor: Maurice Bernart. Elenco: Catherine Mauchet, Aurore Prieto, Sylvie Habault, Ghislaine Mona. Hélène Alexandridis, Clémence Massart, Nathalie Bernart.
Nota publicada originalmente el 19/4/1988.

La severa belleza que preside esta aproximación a la vida, pasión y muerte de Santa Teresa de Lisieux, no constituye únicamente una culminación en la trayectoria del director Alain Cavalier, sino que devuelve además al cine francés a un nivel de rigor que parecía perdido desde los films del maestro Robert Bresson. El itinerario del personaje aparece reducido a sus elementos esenciales: vocación que mezcla un deseo de absoluto con el afán de huir del estrecho ambiente espiritual de una burguesía provinciana francesa de fines del siglo XIX; oposición a su ingreso en el Monasterio del Carmelo por parte de la Superiora del mismo, fundamentalmente por razones de edad y salud; entrevista personal con el Papa León XIII para superar esa barrera; finalmente consagración a la vida religiosa, enfermedad y muerte prematura.

Queda fuera del film toda consideración que se aleje de la inmediata contemplación de la conducta de la protagonista (el entorno histórico, los milagros a distancia que se le atribuyeron, su posterior canonización), y mucho espectador que ignore su historia puede llegar incluso a sorprenderse si se entera de que esa joven pura e ingenua, impulsada por el amor a Jesucristo y una capacidad para sublimar el dolor y el sufrimiento personales, alcanzó finalmente el honor de la elevación a los altares.
Con enorme respeto, el director Cavalier se detiene a las puertas de la Santidad. Su actitud, fascinada y perpleja a la vez, es la de quién se aproxima al Misterio sin tratar de descifrarlo: las cámaras y los micrófonos recogen rostros, manos, gestos, diálogos dichos a media voz, el reproche del padre que se siente abandonado por sus hijas entregadas a la vida monacal, el sorprendente intermedio de celebración navideña donde las religiosas parecen volcar una veta de frustrada maternidad, la cuota de bienhumorada resignación con que algunas sobrellevan los sinsabores cotidianos (“solo a nosotras se nos ocurre enamorarnos de un hombre que vivió hace dos mil años”), el casi intolerable deterioro físico de los tramos finales.

El director observa, no juzga, y concede a su espectador el derecho de formarse su propia opinión acerca del significado último de los acontecimientos. Lo que ocurre en la pantalla parece casi siempre tan alejado de la experiencia de un público “normal” que la primera reacción puede ser la irritación o la indiferencia, pero si se supera esa postura inicial es posible acceder a una de las grandes manifestaciones estéticas del cine. Porque con un control del medio expresivo que no cabía esperar de sus estimables antecedentes (Ana, ¿Tengo el derecho de matar?, Un extraño viaje), Cavalier reduce su intrumental a lo estrictamente necesario, se desembaraza de escenografías y mobiliario, recorta a sus personajes contra ascéticos muros desnudos, y apela al respaldo del notable fotógrafo Philippe Rouselot para la obtención de imágenes de irreprochable sugestión visual.

Un estilo elíptico y distanciado, que prescinde de grandes culminaciones dramáticas y apela al fundido en negro para las suaves transiciones entre secuencias, y una admirable labor protagónica de la desconocida Catherine Mouchet, dominan Thérèse, un film cuya frialdad solo aparente permite descubrir bajo la superficie una vertiente de ancha y cálida humanidad. Junto a algunos films de Dreyer, Diario de un cura rural de Bresson, El Evangelio según San Mateo de Pasolini, y pocos títulos más, el resultado puede figurar en una antología del cine religioso que ha sabido romper con la cursilería y la emotividad superficial (tan insufribles) de lo que suele denominarse “la estética de la estampita”.

Hace más de 68 años que veo películas, escribo sobre ellas hace más de 50.

Autor: Guillermo Zapiola

Hace más de 68 años que veo películas, escribo sobre ellas hace más de 50.

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